viernes, 9 de diciembre de 2011

El turismo como generador de equidad social: avances y desafíos.

 Este trabajo es la ponencia de Eugenio Yunis, en la Conferencia de Fortaleza, Brasil, organizada por BID y OMT, durante los pasados 28 y 29 de Noviembre de 2011.


1. El turismo ha estado creciendo en los últimos 20 años más rápidamente en los países menos desarrollados y emergentes, incluidos algunos con enormes bolsones de pobreza; una serie de estadísticas de la Organización Mundial del Turismo y de otras fuentes confiables lo demuestran. Este crecimiento, que la misma OMT prevé se acelerará en las próximas décadas, representa una gran oportunidad para aprovechar el potencial del turismo y su capacidad de constituirse en motor sostenible de desarrollo, y en particular, en factor de inclusión social y reducción de la pobreza.
La transversalidad de la industria del turismo, -que genera demandas e impactos en sectores tan variados como la agricultura, la pesca, la construcción, las artesanías, los transportes, el patrimonio cultural construido e inmaterial, entre otros-, potencia la gran oportunidad que esta industria ofrece para desencadenar un proceso de desarrollo con inclusión social, basado en las poblaciones y comunidades locales que podrían verse implicadas, no sólo en las actividades turísticas, sino también en los sectores conexos mencionados.

2. Las economías de los países más pobres están a menudo concentradas en uno o pocos productos de exportación, generalmente materias primas con poco valor agregado, cuyo precio está controlado desde fuera; además, la extracción y comercialización de dichas materias primas está frecuentemente en manos de grandes empresas, casi siempre de origen extranjero, lo que, además de otorgarles un poder exagerado sobre los gobiernos nacionales de los países menos desarrollados, no estimula la generación de una capacidad de emprendimiento a nivel local. Por lo tanto, existe una evidente necesidad de diversificar estas economías con actividades productivas y de servicios que permitan: a) asentar a las poblaciones en sus lugares de origen evitando las migraciones, el hacinamiento urbano, mayores niveles de pobreza en ciudades, etc.; b) generar rápida y fácilmente oportunidades de emprendimiento para familias, jóvenes y mujeres; c) impulsar las economías locales a través de encadenamientos productivos; y d) generar fuentes de empleo que requieran poca capacitación, es decir, adecuadas para personas que no han tenido una educación completa. El turismo constituye un sector propicio para alcanzar este objetivo de diversificación.

3. Consciente del potencial del turismo para desencadenar procesos de desarrollo sustentable, la Organización Mundial del Turismo constituyó hace más de una década un equipo de trabajo en el ámbito del desarrollo sustentable del turismo, que realizó investigaciones y análisis e identificó siete oportunidades o mecanismos de reducción de la pobreza a través del turismo; estos mecanismos fueron difundidos y aplicados a partir de mediados de la década pasada, y son los siguientes:
3.1 empleo de los pobres en empresas turísticas
3.2 empleo de los pobres en empresas proveedoras de hoteles y otros prestadores de servicios turísticos
3.3 creación de micro- y pequeñas empresas turísticas por los pobres
3.4 donaciones de los turistas a proyectos sociales en destinos turísticos con altos niveles de pobreza
3.5 venta de bienes y servicios directamente por los pobres a los turistas
3.6 redistribución de impuestos generados por las empresas turísticas para proyectos de desarrollo social a favor de los pobres.
3.7 infraestructura básica para los grandes desarrollos turísticos que beneficia también a los pobres.

4. La aplicación de estos mecanismos por la OMT, con la cooperación de agencias nacionales e internacionales, gubernamentales y ONGs, se puede resumir en la ejecución de cerca de 100 proyectos en 33 países, mayoritariamente africanos, pero también de Asia y América Latina; en esta última región, 30 proyectos en 7 países (Guatemala, Honduras, Nicaragua, Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú).

5. ¿Cuál ha sido su verdadero impacto? A mi juicio, el principal aporte ha sido la generación de conciencia sobre el potencial del turismo para reducir la pobreza, entregando evidencia estadística sobre la contribución económica de esta industria y proponiendo mecanismos concretos para estimular los aportes del turismo a la reducción de la pobreza. Sin embargo, los resultados cuantitativos son más modestos. ¿Por qué no se ha avanzado más rápidamente? Hay varias razones:
5.1 Se ha puesto más énfasis en los proyectos de turismo rural, artesanal, microempresarial y comunitarios, localizados en lugares apartados, donde efectivamente vive un gran porcentaje de los pobres, lo cual si bien ha ayudado a resolver problemas de pobreza a un número de personas, lo que es positivo, pero el impacto en términos de volumen ha sido limitado y las personas favorecidas han sido relativamente pocas. Esto, porque la demanda por estas formas de turismo, si bien está creciendo, sigue y muy probablemente seguirá siendo pequeña, especialmente si se compara con el volumen total de turistas internacionales y domésticos que se mueven cada año.
5.2  Por el contrario, no se ha abordado en forma profunda algunos temas que tienen que ver con el turismo masivo, ni se han promovido proyectos ligados a la gran industria del turismo, a las grandes cadenas hoteleras y tour operadores internacionales, que son los que verdaderamente podrían producir impactos más significativos.
5.3  Tampoco se ha abordado en forma sistemática las diversas oportunidades que tiene el turismo en grandes ciudades de ayudar a reducir la pobreza urbana, donde a veces las condiciones de vida de los pobres son aún peores que aquellas que se observan en las zonas rurales. Existen algunos ejemplos aparentemente exitosos al respecto en grandes ciudades de Sudáfrica, en algunas zonas de Buenos Aires, de Rio de Janeiro y tal vez en otras urbes, pero es necesario sistematizar la información existente, evaluar los resultados disponibles de estas experiencias, extraer conclusiones de las mismas y difundir resultados para una masificación de las buenas prácticas observadas.
5.4 Muchas veces los proyectos de reducción de la pobreza no han estado integrados en una estrategia nacional de desarrollo del turismo, ni en una estrategia de desarrollo territorial de la localidad, y por ello no han tenido un efecto multiplicador en el resto de la industria turística o de la comunidad local.

6. Por otra parte, han existido una serie de insuficiencias u obstáculos que han impedido avanzar más rápido:
6.1 Proyectos aislados y puntuales, que quedan muchas veces sin continuidad al momento de retirarse el apoyo externo;
6.2 Proyectos descoordinados entre sí, y sin integración a la cadena de valor del turismo;
6.3 Falta de capacitación profunda y sostenida de las comunidades pobres en temas de gestión de empresas, innovación y comercialización de los productos, que les permita continuar autónoma y exitosamente una vez finalizada la asistencia técnica externa;
6.4 Poco involucramiento de las grandes agencias de cooperación internacional y de los bancos de desarrollo en el apoyo al sector turismo; en la mayoría de los casos, el monto de las ayudas al desarrollo turístico por parte de estas agencias, con la obvia excepción de la OMT, representan apenas 1, 2 o máximo 3% del total invertido.
6.5 En el caso de los bancos de desarrollo, su intervención se ha concentrado mayoritariamente en el segmento de la gran hotelería, pero con poca preocupación por encadenar sus créditos a otros sectores de las economías locales conexos al turismo. Esto se ha hecho así, confiando demasiado en que los grandes inversionistas, nacionales o internacionales, que se beneficiarán de tales créditos, a menudo blandos, sabrán preocuparse de los temas de inclusión social, lo cual es rara vez el caso.
6.6 No hay evidencia de que se haya potenciado los aspectos laborales, dedicando parte importante de las ayudas de las agencias a la formación de RR.HH. para los futuros establecimientos y empresas turísticas, privilegiando en este esfuerzo a los grupos de población más desfavorecidos de la localidad.

7. ¿Qué propuestas se puede hacer para fortalecer el rol del turismo como generador de mayor equidad social? Hay que pasar, a mi juicio, a un estadio superior de actuación, trabajando más intensamente con los grandes actores del desarrollo: a) los gobiernos; b) el sector privado, incluyendo a los TT.OO. internacionales de turismo masivo y a las grandes cadenas hoteleras; y apoyados ambos por c) las instituciones de cooperación técnica y las ONGs.

8. Áreas de acción:
8.1 En primer lugar, se debe profundizar la toma de conciencia por parte de estos grandes actores; en el primer y tercer casos, para demostrarles que el turismo tiene tal capacidad pero que requiere de una acción pública decidida y coordinada; en el otro caso, para demandar un mayor compromiso social y una mayor responsabilidad hacia los destinos de países menos desarrollados y emergentes. Una plena aplicación del Código Mundial de Ética del Turismo por parte del sector privado resulta fundamental en este sentido.
8.2 En segundo lugar, es  imprescindible que los gobiernos de los países menos desarrollados y emergentes formulen sus políticas de turismo pensando en la reducción de la pobreza como uno de sus principales objetivos, si no el principal; ello significa, entre otros cambios estratégicos, dejar en un segundo plano la promoción de inversiones extranjeras y el aumento en la llegada de turistas extranjeros –los que frecuentemente aparecen como los fines únicos y casi obsesivos de las políticas turísticas; estos dos deben ser meramente objetivos subsidiarios del primero y principal, que es el desarrollo sustentable y la inclusión social. Asimismo, los gobiernos deben desarrollar infraestructuras de base para el turismo en zonas donde, además de los atractivos, existan importantes bolsones de pobreza y ciertas posibilidades de potenciar otras actividades productivas ligadas al turismo.
8.3 En tercer lugar, las regulaciones relativas a las operaciones turísticas deben salvaguardar los derechos de los trabajadores de la industria turística, estimular la contratación de mujeres y jóvenes, favorecer a la micro- pequeña y mediana empresa, estimular la asociatividad entre éstos, apoyarlos en su marketing y promoción, entre otras medidas. Finalmente, los gobiernos deben estimular y potenciar las vinculaciones entre turismo y los otros sectores económicos con los que se relaciona, en particular la agricultura y la pesca, las industrias agroalimentarias, el transporte por medios tradicionales, algunas ramas de las industrias del textil y del mueble, y las artesanías.
8.4 Las grandes cadenas hoteleras, por su parte, deben privilegiar la contratación local de sus trabajadores, pero proveyéndoles con una capacitación intensiva; trabajar en ello con las poblaciones locales y requerir, si fuese necesario, subsidios por parte de los estados, pero con compromiso empresarial de contratar y mantener a esas personas en sus empresas por un periodo significativo de tiempo. Las grandes  empresas hoteleras pueden también trabajar con los gobiernos locales en planes de fomento del emprendimiento en sectores ligados a la cadena de abastecimiento de los grandes hoteles (agrícolas, agro-alimentarios, textiles, muebles, objetos de decoración, servicios de lavandería, etc), en planes sistemáticos de apoyo a la calidad de sus productos, para que puedan constituirse en proveedores permanentes de insumos al sector  hotelero y gastronómico. En paralelo, los grandes grupos hoteleros y establecimientos independientes deberían ir incorporando gradualmente nuevos conceptos de lo que significa “valor” y “rendimiento” en sus estrategias corporativas, de modo que sus máximos ejecutivos consideren también la equidad social y la reducción de la pobreza en los destinos en que están insertos como objetivos de su accionar, por la cual serán también evaluados por los accionistas y por los consumidores.
8.5 Los tour operadores internacionales tienen un potente instrumento de trabajo a su disposición para favorecer a los pobres, y éste es nada menos que la contratación en destino de servicios provistos por los micro y pequeños empresarios de la zona. Los TT.OO. pueden contratar no sólo operadores receptivos con fuerte implantación local y trabajadores pobres, sino también formar y contratar guías, transportistas, artesanos, artistas musicales y del folklore local, etc. con lo cual además de contribuir a reducir la pobreza estarán enriqueciendo su oferta y dándole un carácter más afín con la identidad local. En paralelo, los TT.OO. pueden informar mejor a sus consumidores e influir en sus decisiones para que prefieran destinos en los cuales sus gastos contribuyan a reducir la pobreza.
8.6 A las agencias de cooperación al desarrollo y organizaciones no gubernamentales les compete, en primer lugar, informarse de los verdaderos impactos reales y potenciales del turismo; su conocimiento de dichos impactos es aún insuficiente, incluso de los impactos económicos, que son más evidentes y fáciles de calcular. Sólo de esta manera podrán definir y focalizar mejor sus políticas de asistencia y cooperación y establecer programas de apoyo técnico y financiero al desarrollo sustentable del turismo, con una clara orientación a la reducción de la pobreza. También es cierto que las agencias deben también discernir y diferenciar su apoyo a los países menos desarrollados, ya que en algunos de ellos el turismo puede no ser la mejor opción para reducir la pobreza; por el contrario, si se impone un cierto estilo de desarrollo turístico, éste puede generar más impactos negativos que positivos, introduciendo nuevos problemas en la sociedad local sin ninguna atenuación de la pobreza; las agencias pueden y deben, en estos casos, informar verazmente a los gobiernos sobre este riesgo.
8.7 Si el turismo constituye efectivamente una opción real para un desarrollo socio-económico sustentable y con inclusión social, las ONGs y agencias de cooperación deben actuar mancomunadamente entre ellas, con los gobiernos y con las comunidades locales, con el fin de concatenar sus esfuerzos en torno a un proyecto común, con una estrategia de desarrollo turístico común, unas políticas de comercialización y promoción turística comunes y coherentes, todo ello con el fin de lograr las sinergias necesarias para lograr un verdadero impacto reductor de pobreza. En otras palabras, se requiere terminar con los esfuerzos aislados de estos actores, que muchas veces sólo generan ilusiones entre los pobres, las que no se cumplen cabalmente, producen frustración y, en definitiva, no resultan efectivos.

9. En conclusión, el turismo ofrece posibilidades reales de desencadenar procesos de desarrollo sustentable, inclusivos y tendientes a una mayor equidad social. Sus impactos positivos pueden ser muy amplios y cubrir a una extensa gama de grupos sociales en situación de pobreza, tanto en actividades directas de servicio a los turistas, como en varios sectores económicos conexos. Pero para materializar estas posibilidades, ellas deben ser primero juiciosamente evaluadas antes de embarcarse en promover el turismo a toda costa, simplemente por aparecer éste como un sector atractivo. De verificarse posibles, cualquier acción en materia turística debe estar respaldada por políticas públicas que involucren a varias agencias del Estado y no sólo al ministerio responsable del turismo. Dichas políticas deben enfocarse en los grandes objetivos del desarrollo, tales como la inclusión y equidad social, la reducción de la pobreza, la sustentabilidad económica, medioambiental y socio-cultural, y no simplemente en el aumento en la llegada de turistas, la atracción de inversiones turísticas y el aumento en el ingreso de divisas, que constituyen meros instrumentos y que no siempre resultan en mayor equidad social. Las políticas públicas deben también implicar a los actores privados, fundamentales en el desarrollo del turismo, y recibir el apoyo coordinado de las agencias de cooperación internacional públicas y no-gubernamentales.
Solamente con políticas y acciones integrales, involucrando a todos los grandes actores y liderados por los gobiernos, se podrá hacer del turismo una fuerza de cambio social a favor de los grupos más desfavorecidos de los países emergentes y menos desarrollados.

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