jueves, 8 de marzo de 2012

En Quillán, Ecuador, cuidan 40 fuentes de agua natural.


Por las grietas de una montaña rocosa de color ocre se filtran diminutos chorros de agua, que desembocan en una laguna que a su vez da origen a un riachuelo de agua cristalina que luego recorre por un pequeño y fresco bosque andino en Tungurahua. Hasta el 2007 este líquido regaba las plantas silvestres de la zona hasta desembocar en el río Culapachán. Pero los técnicos de la Empresa Municipal de Agua Potable de Ambato (Emapa–Ep) decidieron darle una utilidad a estas vertientes. Les atrajo la buena calidad del fluido porque implicaba pocos recursos para su potabilización. Esta compañía municipal ambateña se aprestaba a solicitar la concesión total de las vertientes. Pero 12 jóvenes de la comunidad Quillán, pertenecientes a familias de escasos recursos que vivían de la agricultura, se opusieron y presentaron un proyecto que les permitiría mejorar las condiciones de vida de los habitantes de Quillán y de sus alrededores. 
Propusieron aplicar un programa de turismo comunitario y tuvieron el apoyo del Gobierno Provincial de Tungurahua. Desde entonces, 294 vecinos de Quillán se convirtieron en defensores de su ecosistema, dando mantenimiento a un sendero ecológico que conduce a las vertientes. También siembran plantas nativas, educan a los turistas para que no arrojen basura en el bosque y utilizan los chorros y las vertientes para diversos emprendimientos comunitarios como criaderos de truchas, huertos orgánicos y pequeños restaurantes. A su vez, mediante mingas construyeron pequeños puentes de madera para ingresar a este sitio. En los últimos años, los habitantes de la zona han sembrado 3.000 plantas como cucardas, arupos, arrayanes, espadaña, yaguales, anturios y frailejones. 
Manuel Ullauri, director de Producción de la Prefectura de Tungurahua, explica que esta institución aportó USD 22.000 para el asesoramiento técnico, la señalización y la vialidad. “Cuando la gente se une para salir de la pobreza, pero cuidando el ambiente la ayuda llega con facilidad”. El año pasado, a través del programa Fondo de Páramos de la Prefectura, se financió el proyecto para fortalecer el turismo comunitario que lleva adelante la Asociación Quillán integrada por los vecinos de ese lugar. El Fondo se financia con donaciones del Gobierno Provincial, la Unidad de los Movimientos Indígenas y Campesinos de Tungurahua, la Emapa-Ep, la Corporación Eléctrica del Ecuador y la Empresa Eléctrica Ambato. 
Hasta febrero pasado las aportaciones institucionales sumaron un total de USD 460.000, con los cuales se financian siete proyectos de gestión ambiental, viéndose 2.500 familias beneficiadas económicamente. Asimismo, se capacitó a 1.800 beneficiados que cuidan de 25.000 hectáreas de bosques andinos .
Los páramos que proveen agua a la cuenca del río Ambato representan el 25% de la superficie de la provincia de 3.334 kilómetros cuadrados. El agua llega desde Chimborazo, Carihuairazo y Casahuala y Quillán. Según Rafael Maldonado, gerente de la Emapa-Ep, a partir de 2007 se elaboraron planes de manejo integrado de las fuentes hídricas que priorizan el trabajo de protección y mantenimiento de las fuentes de Quillán. 
El agua de las vertientes beneficia a 50.000 habitantes de Ambato con el proyecto Quillán-Alemania con un volumen de 122 litros por segundo, de ahí su importancia. 

Economía comunitaria 

Los primeros proyectos que implementaron los jóvenes de Quillán  fueron las piscinas para la cría de truchas y de tilapias, que a su vez dieron lugar a la instalación de restaurantes, centros recreacionales y de pesca deportiva. 
La quinta ecoturística María Soledad es uno de los restaurantes que funciona en Quillán y está a cargo de los hermanos Verónica, Sandra y Pavel Chiluiza. El agua de la vertiente ayudó a Rafael Campaña a construir criaderos de truchas, contando actualmente con más de 5.000 truchas y 1.500 tilapias. Eso le permite vender hasta 300 porciones asadas o fritas en un feriado a USD 3,50 el plato.   
Una de las beneficiarias es María Moposita, dueña del restaurante Doña Inés, donde se combina la crianza de truchas y tilapias con la labranza de huertos orgánicos. 

Fuente: Diario El Comercio.

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